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 Ha(siendo) Política

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MensajeTema: Ha(siendo) Política   Sáb Mayo 22 2010, 17:43

No será un escrito lo que resolverá un tema político. La mera distancia entre el escritor, lo escrito y la cuestión ya nos permite sospechar que el asunto se ha reducido. Peor aún, si el escrito no se entiende como acción (como el reflejo en ideas de algo que ya se está haciendo), simplemente estaremos haciendo política dentro de nuestra más profunda imaginación.

Pero el problema no se refiere al escribir o al pensar, sino específicamente a la pretensión de resolver, de establecer, de determinar. Si entendemos la política como acción, como constante acción que no se detiene precisamente porque el mundo es resultado de un actuar que no cesa, no nos será difícil comprender que las ideas, con el enorme peso de su inmovilidad e invariación, jamás estarán a la altura de la acción, del hacer y del ser político. La descripción siempre llega tarde al acontecimiento, a menos que nos esté aguardando desde antes a modo de imposición.

No obstante, esta separación entre idea y acción es artificiosa, no hay acción que no posea una idea que exprese su razón, ni idea abstraída de la realidad (que no es más que pura acción). Separar una idea A de un momento (conjunto de acciones) B, nos oculta una acción anterior, una política ya hecha que se nos quiere presentar como nueva, y cuya pretensión es determinar a la acción de la cual supuestamente ha nacido.

Es por eso que sospechamos de las ideas que ya poseen una solución, un esclarecimiento del hacer y un ordenamiento sobre el advenir. En realidad, no se está resolviendo el estado actual de las cosas, sino que se está imponiendo un estado de cosas. Se prefigura lo que a fin de cuentas, deberíamos dibujar con nuestros actos.

Pero las ideas son un mero algo, conceptos que penan en los bordes de la coseidad. No es la idea la que intenta determinar la política, sino quien la produce y la defiende a través de un posicionamiento particular sobre el mundo. Un mundo del cual nos tratamos de apropiar a través de la política.
Y si es cierto que se presentan ideas que ya resuelven el conflicto político, que nos muestran un sendero en la espesura de los diferentes posicionamientos, podemos decir que ya se hizo política, que alguien ya hizo política y por lo tanto, que esta política resolutiva se nos muestra tal cual es: un sujeto, un posicionamiento, un particular que quiere particularizar el actuar de lo político.

Pues bien, es aquí en donde arrinconamos al problema de fondo. Porque si entendemos lo político como el campo de acciones de sujetos diversos, cuya diferenciación ha sido resultado precisamente del movimiento incesante del mundo que pretendemos apropiarnos, y en consecuencia, asumimos que dicho campo de acciones se constituye a través de acciones y posicionamientos diversos ¿No será contraproducente entender la política como un juego de fuerzas en donde ciertos posicionamientos se imponen por medio de cualquier mecanismo a modo de verdad absoluta, destruyendo u ocultando la diferencia que alguna vez reunió dicha actividad?

Contraproducente en un doble sentido: epistemológicamente se establece el mundo de una manera determinada, idéntica y constante (propiedades que definen a las cosas) y por lo tanto, lo cosifica, lo reduce y lo paraliza. Se particulariza la realidad y no se entiende su devenir, ni mucho menos el advenir. Es evidente que si el mundo no responde a esa particular visión que se tiene sobre él, sólo resta la derrota, la desesperación y la angustia (además de los lloriqueos, las idealizaciones y la frustración). O en definitiva, reemplazamos el mundo por su conceptualización, por su imagen, por su ensoñación. Se cree actuar en el mundo, pero dicho mundo sólo está en nuestras cabezas.

Políticamente se imponen ciertas acciones a modo de deber, de fundamentos éticos o de cálculos pragmáticos ¿Quién decidió que el mundo realmente posee una forma? La decisión y la resolución resultan en exclusión, en separación y homogeneización. Sólo un posicionamiento, un actuar efectivo de un particular o de un grupo de sujetos que actúan como particular han realizado política concreta. Sólo en tanto partícipe de dicha posición se es sujeto, se decide y se actúa realmente. Pero en tanto posicionamiento opuesto o quizás simplemente distinto, sólo queda reiterar, repetir sin cuestionarse. De esta manera la diversidad ha sido digerida por la homogeneidad. El deber ha subsumido a la posibilidad y la política ha quedado nuevamente en un altar.

No se trata en ningún caso de no pensar, de no decidir y de no resolver. La política misma es un acorde en la sinfonía infinita de nuestra negatividad. De lo que se trata es de asumir que cada decisión, cada idea y cada resolución sean reconocidas de igual manera que como nos reconocemos entre nosotros mismos, vale decir: en su relatividad, variación y finitud. Dejando como absoluto sólo el ser de nuestra existencia, que como ya se dijo, es puro movimiento, pura contradicción, pura negatividad.

Y por lo tanto, ha(ser) política siempre será novedad y posibilidad, jamás determinación o imposición. Lo que nos determina es lo que en nuestro concepto se considera natural y de lo cual la política nace como oposición.
Toda cosa que se considere dada, definitiva, resuelta y por sí misma, es hacia donde se enfoca la mira de nuestro actuar político, de nuestro actuar y ser en este mundo. Consideración que nos conduce a ver a los posicionamientos como simples posibilidades, como meros efectos siempre relativos y por lo tanto superables.

Si somos política, si nuestro ser asume la autoconciencia de lo político, toda idea o representación jamás será verdad, pues nuestra única verdad es nuestro ser actuante, nuestro ser político que ya dio un paso en su voluntad, y cuya praxis resume las ideas y las acciones como dos aspectos de la misma actividad.
Y entonces, lo que nos reúne en lo político es la actividad, es nuestro ser que como voluntad ya asumió la autoconciencia de lo político. Toda idea que refiera a una acción política siempre será, perdonen la reiteración, producida por una acción política. Nuestra meta es que nuestro concepto coincida con nuestro ser.

Pero nuestro ser es contradictorio, y esto por millones de razones. Fundamentalmente porque el ser es contradictorio consigo mismo, y no debido a un principio que lo define como ser, sino porque el ser, nuestro ser que aquí lo entendemos como política, está internamente diferenciado, es diverso, y por lo tanto se constituye en la permanente y absoluta negación.

Afirmar que todos pensamos lo mismo, que todos aspiramos a lo mismo, o que el mundo en su mismidad sólo nos otorga un camino a su solución, es negar la libertad inherente a cada sujeto, a cada persona con quien esperamos hacer política, y en consecuencia vemos el posicionamiento particular del que ya se habló anteriormente, como un ser, como sujeto, o en otras palabras, como una imposición que ya agotó nuestra libertad.

La política la hemos referido como un campo de actividades, y es importante poner atención a la pluralidad de la actividad. Pues sólo un campo de actividades, en donde la pluralidad sea resultado de la diversidad, y no de los espacios que otorga la homogeneidad, puede otorgarnos la posibilidad de ser en lo político. Sólo en la diversidad de seres, de distintas experiencias y posicionamientos sobre el mundo, pero que aún así los reúne el horizonte de una apropiación en común, podremos dar cuenta de un mundo negativo, que se niega y nos niega a cada instante. Pues, de lo que se trata, es de reconocernos a nosotros, en tanto seres políticos, como la expresión misma de la autoconciencia del ser, de un ser internamente diferenciado, de un ser negativo pero que sin embargo existe.

Es aquí en donde la política se nos presenta como posibilidad, como actividad que puede reunir a otros seres que actúan y de este modo realizar una acción en común. Una actividad que se nutre de distintas actividades, que forma su concepto de la actividad misma en la actividad misma, relegando la imaginación a la inmediatez de la creación, y jamás como institucionalización de una particular representación.

Pero para eso debemos partir de un primer reconocimiento, reconocer la libertad y la posibilidad de cada uno en la libertad y la posibilidad de los demás. En la posibilidad de un actuar siempre mediado por el otro, pero jamás por sobre el otro. En donde el otro nos enriquezca abriendo más puertas a lo posible, en vez de ser instrumento de nuestra mera posición.

En donde a esta mediación podamos llamarla comunidad, y esa comunidad nos constituya en nuestra libertad. La política no es sólo la intención de hacer un algo en el mundo, sino también de hacerse en el mundo, un mundo que compartimos con otros seres libres, y que en nuestra comunión hacemos un ser más global. La política es la identificación de nuestro ser, con ese ser más general que es la humanidad, una identificación internamente diferenciada en donde el particular no ahoga la totalidad, ni la totalidad subyuga al particular.

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MensajeTema: Re: Ha(siendo) Política   Sáb Mayo 22 2010, 22:55

En vez de estar escribiendo esto, mejor hace el trabajo de Parsons, o cuanti, tay puro perdiendo el tiempo…. Jajajajajajja, naaaaa, Ahora si, enserio.

Esta muy bueno el texto Mario, muy acorde a lo que se hablo en la última asamblea; aunque bien es algo que hace rato “muchos” ya compartíamos. Muy bueno Smile

Déjame decirte además que el texto al estar escrito Hegelianamente me sirve bastante como discusión para ingresar a mi ensayo de Discurso y Comunicaciones; al que titule <<Esclavitud Moderna y una Libertad no liberal>> (una libertad hegeliana), y en el fondo lo que deseaba hacer es algo parecido a lo que desarrollas (al menos como parte importante del ensayo); más allá de que consista en una evaluación académica, plantearme el problema de la política hoy en día para fortalecer mis propios argumentos e ideas entorno a la cuestión.

La libertad de hacer posible lo imposible; el ser como un siendo que no se apegue a las determinaciones de la ilusión de un mundo estático. El sentido común, la obviedad, muchas veces como un obstáculo para la idea de libertad que deseo formular. Es precisamente en este sentido que el texto que aquí presentas me será de ayuda para la elaboración del ensayo; así que vale por el aporte.

Ahora será interesante cómo se desenvolverá el trabajo en trono a la organización con los compas de sociología; y obviamente que tambien lo sera la discución de los objetivos de la misma. Ojala que de esto surja algo y no se quede en "nada"

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MensajeTema: MMMMmmmmm....   Dom Mayo 23 2010, 01:33

Parsons es un gran responsable de esta reflexión, porque después de tanto integracionismo institucionalista (Parsons es la expresión analítica de todo reformismo y todo lo que se critica en el texto) algo tenía que decir la dialéctica materialista.
Es evidente que las sospechas de que organizar un "Centro de estudiantes" por el mero hecho de estar "organizados" es algo que no tiene mucho sentido, hicieron eco en la asamblea pasada, y una simple revisión al asunto nos permitría concluir de que esto o es resultado de la enajenación (el fetiche de que algo abstracto es mejor que nada), o de una política que ya está resuelta, y cuyo fin es particularizar el pequeñísimo espacio que con tanta arrogancia llamamos asamblea de carrera.
Ya "muchos" hemos criticado la idea de que para hacer política efectiva en la carrera primero hay que hacer una orgánica, más aún, se piensa que el principio de la organización está en objetivar los mecanismos de acción en los estatutos de dicha orgánica.
Quisiera recordar que la palabra Estatutos procede etimológicamente del latín Statutum, que proviene de Statuere, cuyo significado es "poner de pié" o "establecer". Una conexión sugerente es que la palabra Estatua proviene de la misma raíz etimológica, y como ya saben, la peculiaridad de las estatuas es que no se mueven.
Pero aún así quizás es necesario formalizar ciertas cosas, normar ciertos criterios para que la acción conjunta pueda ser posible dentro de estudiantes despolitizados. Pero esta situación que "muchos" compartimos hasta cierto punto, es algo muy distinto a pensar que el movimiento estudiantil tiene su origen en una orgánica determinada. Como dijo Sebastián (el compadre que vende libros) "la orgánica en vez de ser el origen, debería ser la consumación de una acción que ya se viene realizando".
Entonces, la pregunta de para qué nos organizamos siquiera tiene sentido, plantearse la organización como un problema abstracto ya es abordar mal el asunto, el problema de la organización sólo puede surgir cuando las actividades que ya se vienen realizando necesitan un mínimo de orden para mantener su coherencia.
Al inicio de la asamblea pasada, como recordarán algunos, discutíamos de si la organización realmente era una necesidad del estudiantado. Y a la luz de toda evidencia (basta ver la cantidad de gente que participa) la respuesta es negativa. La organización NO ES UNA NECESIDAD DEL ESTUDIANTADO EN SU MAYORÍA, ojalá no confundamos los intereses de cada uno con los intereses de la mayoría, ojalá no hagamos de un espacio social una expresión de sólo una voluntad individual.
Pero bueno... pensemos en concreto ¿Qué actividades, que sucesos pueden unirnos como estudiantado? en una simple reflexión pienso que podría ser lo siguiente.

-Por un lado, la participación del estudiantado en el proceso de acreditación de la carrera y de la universidad, participación que conlleva necesariamente en el involucramiento hacia la mejoría de la escuela y del nivel académico de nuestra carrera.

- Por otro lado, el alza del pasaje escolar (y adulto ¿por qué no?), lo cual ya proyecta movilizaciones, y ya incita a que reflexionemos y nos posicionemos fente a este asunto.

- Y también, como dijo Víctor, las políticas públicas que tienden a la mercantilización de la educación. Esto, cuya generalidad es la más amplia y que está directamente vinculada a una crítica hacia la sociedad en que vivimos, puede poseer acciones transversales a lo largo de toda nuestra constitución como estudiantes.

No pienso que tengamos tareas más importantes que otras, simplemente hay unas que son más inmediatas, y otras que requieren otros niveles de involucramiento.
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MensajeTema: Re: Ha(siendo) Política   Mar Jun 15 2010, 23:28

Onnet escribió:
Pero aún así quizás es necesario formalizar ciertas cosas, normar ciertos criterios para que la acción conjunta pueda ser posible dentro de estudiantes despolitizados. Pero esta situación que "muchos" compartimos hasta cierto punto, es algo muy distinto a pensar que el movimiento estudiantil tiene su origen en una orgánica determinada. Como dijo Sebastián (el compadre que vende libros) "la orgánica en vez de ser el origen, debería ser la consumación de una acción que ya se viene realizando"

como

Para continuar el tema, y al mismo tiempo para aclarar ese punto del cual no falta aquel extremista que dice, "O es organico, o es anarquico y caoitco"... cuando te refieres a formalizar ciertas cosas en post de una mejor acción conjunta, que cosas serian aquellas??... y en que sentido es esa formalización ???...

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MensajeTema: Re: Ha(siendo) Política   Miér Jun 16 2010, 01:15

Para continuar el tema, y al mismo tiempo para aclarar ese punto del cual no falta aquel extremista que dice, "O es organico, o es anarquico y caoitco"... cuando te refieres a formalizar ciertas cosas en post de una mejor acción conjunta, que cosas serian aquellas??... y en que sentido es esa formalización

Para abordar una posible respuesta hacia qué se puede entender por formalización dentro de un contexto político, y en este caso concreto "formalizar ciertas cosas en post de una mejor acción conjunta", sería apropiado tratar de entender la relación entre actividad política y forma política (formalización, establecimiento abstracto).
La actividad política, como se sospechará, es la realización de acciones cuya generalidad posee un contenido político, y por lo tanto, una característica fundamental de la actividad politica es que es algo constante, en donde toda acción está ligada a otra como parte constitutiva de una totalidad, y no es un mero evento o una colección de acontecimientos políticos.
Debido a esto, sería impropio llamar actividad política, por ejemplo, al mero hecho de asistir a una marcha o de realizar alguna proclamación sobre algo, si es que detrás no hay un contexto social que le de existencia. En este punto sería bueno distinguir entre actividad política y acción política.
Y si entendemos a la actividad política como la expresión de un grupo de seres humanos y no de una individualidad, podremos fácilmente darnos cuenta que el primer problema de la realización de dicha actividad es el "orden" en como ésta se realiza.
Cuando en la asamblea se vió la "instalación" de determinados estatutos para "ordenar" la forma de la "organización" en una "orgánica" que dispusiera toda nuestra actividad, aparece inmediatamente la relación entre orden y organización: organizar es ordenar de una manera determinada.
Pero el problema es que se pretendió ordenar a priori algo que siquiera estaba constituido, es decir a los estudiantes en tanto movimiento estudiantil (movimiento siempre hace referencia a actividad constante), y en consecuencia, ya se estaba ordenando de manera definitiva, no sólo la forma de "cómo" se podían llevar a efecto nuestras acciones como conjunto, sino que además se establecía a priori "qué" acciones realizar y "cuáles" no, pues los órganos deliberativos de la "organización" ya estaban superpuestos en relación a las actividades que podríamos realizar como estudiantado.
Sin embargo, y siguiendo la cadena lógica de esta reflexión, deberíamos preguntarnos sobre la necesidad de ordenar ¿Por qué es necesario que exista orden dentro de un conjunto de seres humanos dispuestos hacia una actividad política en la que coinciden en términos generales?
Y resulta que aquí surgen los nudos más importante que aprietan la discusión sobre la política estudiantil, y nuestra reflexión, pretende con humildad y a modo de proposición ir más allá de las respuesta baratas y simplonas del tipo: "si no hay orgánica no hay nada", que es lo mismo que decir: "si no hay orden hay caos", que a la larga, resulta en pensar "si las cosas no son de una manera determinada, estable y permanente, no podremos realizar acciones conjuntas".
Al respecto, sería bueno señalar algunas preguntas ¿Orden? ¿Qué orden? ¿Según quién? ¿Para quién? ¿Para quiénes?
Entendiendo la actividad política como la expresión de un grupo humano con contenidos políticos que coinciden en su finalidad, y aceptando como premisa la libertad de cada particular, observaremos que la necesidad de ordenar dicho espacio surge precisamente de la libertad de los particulares que participan de la actividad pollítica.
El ordenamiento, de manera simplista, sería la forma política de evitar el caos.
No obstante, eso sería presuponer que el caos producido por la libertad de cada particular, resulta de la voluntad de los particulares por imponer sus posicionamientos, y entonces el ordenamiento se nos presenta como un ordenamiento ético externo a la voluntad política. El orden y por lo tanto la orgánica, a fin de cuentas, emerge como barrera de contención de la autodestrucción del conjunto por parte de los intereses de los particulares. Por esta vía, no llegaremos más lejos que el Leviatán de Hobbes.
Hay otro reconocimiento, a parte del de la libertad de los particulares, que se debe hacer para realizar una actividad política crítica en conjunto, la cual es, la voluntad de construcción política, la identidad entre teoría y praxis, vale decir, que el contenido político de la actividad sea resultado precisamente de esa actividad, y no de un contenido anterior a la participación dentro de ella.
Esto implica el respeto por el otro, el otro como mediación de los contenidos particulares, y por lo tanto, la actividad como síntesis de las experiencias de cada uno.
La manera de superar esos posicionamientos éticos hobbesianos (tan característicos de la izquierda) es entender la actividad política como una totalidad internamente diferenciada, en donde cada particular es constituido por la totalidad, pero a su vez, esa totalidad, es resultado de los particulares.
Ahora, y después de este rodeo por el bosque, quizás podramos deternos en un claro, al lado de un arroyo, para descansar y así reflexionar sobre lo que preguntas.
Es evidente que en un contexto social en donde la enajenación es la disposición que condiciona el estar en la universidad, y por lo tanto su participación en ella. Habrán ciertos ordenamientos que estarán por fuera (exteriores) a nuestra actividad política como estudiantado. La petición de consejeros por parte de la escuela es un claro ejemplo de ello, y al respecto deberemos formalizar (determinar) la manera en como los escogeremos y su relación (formal) con respecto al estudiantado y a la escuela.
Por otro lado, la formalización se hará necesaria en ciertos casos cuando la efectividad de una acción determinada sea de radical importancia para nosotros como estudiantado (la extensión de esta situación mostrará claramente las limitaciones de la formalidad).
Y pór último, una conciencia crítica que lucha contra la enajenación, no puede desconocer que no se puede estar por fuera de esta, y por lo tanto, la solución a las enajenaciones nunca será un razonamiento abstracto, sino la actividad misma que la supera en tanto nos permite apropiarnos de nuestra politicidad.
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